UNA PROPUESTA DE REFLEXION PARA UN DOMINGO LLUVIOSO
PARTE I
El dilema del hombre moderno.
Nos protegemos de las penas de amor, no amando,
Y de la muerte, no viviendo.
Alexander Lowen.
El individuo, como unidad conformadora de una sociedad, de la cultura y de los procesos históricos que en ella se dan, parece haber dejado de pensar en sí como origen, y ahora intenta observar los fenómenos a un nivel macro, olvidándose que en la educación no sólo académica, sino espiritual, artística, interna, familiar, y ética, reside la verdadera transformación de la(s) realidad(es), que hoy parecen tan opacas y tan frías en un globo con más de la mitad de sus habitantes en niveles de pobreza, un continente olvidado de la modernización, la salud y el desarrollo; y culturas con una riqueza en conocimientos medicinales y astrológicos inmensas que resisten ser borradas por la mancha de la urbe y proyectos que nada conocen de sustentables.
Regresando pues al hombre, al individuo creador de este panorama, aquel que a nivel corporal no deja de ser un animal, y a nivel del ego un semidios, podemos insinuar que hoy día atraviesa por un conflicto producto del momento histórico y las implicaciones que representa la palabra éxito, implicaciones materiales y profesionales que debe acarrear este término, en contraste con otro con el que a mi parecer se le confunde en seguidas ocasiones: Plenitud. Es decir, la satisfacción que te brinda el ser, versus el deber hacer que implica el éxito.
Es pues, este dilema el que nos cruza en repetidas ocasiones a todos los que hemos mamado la cultura de lo material, exaltada en la publicidad y permitida por todos nosotros. Dado que somos individuos de hábitos, nuestro cuerpo y comportamiento se moldean en virtud de las situaciones, haciendo que nos sea difícil la adaptación a otras diferentes; lo que hemos visto desde pequeños, no sólo en el televisor, sino en la propia familia, amigos y con maestros: el logro material y profesional nos brindará un “lugar respetable” dentro de la sociedad, a pesar de que no implique un crecimiento humano, personal o de calidad del individuo. “Lo Doctor no quita lo pendejo” decía una querida profesora de la carrera, Alicia Poloniato, refiriéndose al grado académico que se puede alcanzar, a pesar de seguir haciendo NADA para mejorar una realidad próxima.
El proceso cultural que dio lugar a la sociedad moderna y por tanto al hombre moderno fue el desarrollo del ego, desarrollo asociado a la adquisición del conocimiento y el dominio de la naturaleza. Y es aquí cuando comienza el conflicto, es decir, cuando el Yo (ego) se vuelve contra la parte animal: el cuerpo. Cuando se nos ha doblegado para constituirnos en parte de un sistema del que igual no coincidimos, pero que finalmente nos absorbe. El conflicto ocurre cuando nuestro interior se rebela buscando una plenitud y no un éxito. Y no es que queramos armar una revolución, simplemente es que la neurosis tan característica de nuestros días, lleva a pensar si realmente vivimos como deseamos, o sobrevivimos como desean otros, sin ser conscientes de ello.
Tener relaciones sexuales a una edad temprana presionados por nuestro circulo de amigos, estudiar una carrera por la tradición familiar, casarte a edad temprana como ocurre en el interior de la república, estados como Guerrero, Chiapas o Oaxaca, en donde a los 21 años eres una solterona, etc.
Continuará...
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